Las nuevas generaciones vienen muy delicadas. Cuando yo era chico, no hace taaaaaaaantos años, comíamos todo tipo de porquerías con colorantes que eran peores que el que le ponen al Fabuloso que se usa para limpiar los pisos. Nadie se murió y todos crecimos bien.
Ahora hay que etiquetar todo y aclarar si trae azúcar, si el papel que le ponen es reciclable, cuándo se vence, cuándo lo hicieron y demás cosas.
Ay, no, ¿cuántas calorías trae eso? Si no es bajo en calorías no lo como. ¡Pero andaaaaaaa!
Con decirles que ayer vi que venden jamón light... ¡Jamón light!
Por favor. Hay que dejarse de bobadas.
El Buda que guardaba un hombre: historia, ciencia y misterio de Liuquan
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A veces la arqueología parece un acto de revelación: quitar una capa y
descubrir que adentro late otra historia, como un palimpsesto o una
matrioska muy ví...