De lunes a viernes de nochecita, a eso de las 9 de la noche siempre veo a una chica que para en la plaza a leer un libro. Sí, a esa hora, sola, sentada en el medio de una plaza con juegos infantiles. No importa si hay -25°C, ella está ahí leyendo, tranqui panqui.
La verdad es que me genera mucha curiosidad saber por qué lo hace y qué es lo que lee, pero tiene cara de loquita y no le quiero preguntar por si reacciona mal (uno nunca sabe...).
El fin del amor como acto eterno
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Hay libros que intentan explicar el amor y hay otros —incómodos— que lo
desarman como a un puzzle hasta que ya no se parece a una promesa, sino a
un mecan...