El otro día le dieron el premio Nobel de literatura a Mario Vargas Llosa y yo sigo esperando algún momento para terminar de leer La tía Julia y el escribidor, que me parece un bodrio, pero si dicen que el tipo es bueno, les voy a creer y voy a intentar retomarlo o leer alguna otra obra de este señor.
Mientras tanto, he iniciado la lectura de El último jurado, de John Grisham. Es una de las porquerías que compré en la Feria del libro.
¿La foto? No tiene nada que ver con nada, es parte del piso del Teatro Solís, pero me pareció simpática para acompañar este divague.
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